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Número 8
EL ECO UNIVERSITARIO
Febrero de 2002


Ha llegado el Euro (peo)

    Hace mucho tiempo, en una era muy remota, durante la dinastía de los grandes señores feudales, existía un reino que se denominaba a sí mismo como una nación y en la cual gobernaban una serie de personas que cierto día decidieron unirse junto con otros mandamaces feudales de reinos adyacentes, los cuales tenían montado un tinglado que se denominaba Europa.

     Estos gobernantes fueron tan inteligentes que pensaron que ya que se unían en todos los aspectos para poder unificar criterios a la hora de realizar inversiones, tuvieron la grandísima idea de crear una moneda que fuera única, y vaya si lo sería. Así nació lo que algún gran sabio denominó “Euro” (aún hoy en día me pregunto de donde diantres pudieron sacar semejante nombrecito); pues bien todo quedó ligado, atado, reatado y religado, poniendo como fecha clave para que esa grandiosa monedita entrara en vigor. La fecha en cuestión era el día 01 de Enero de 2.002.

     Pasó el tiempo y esa unión se hizo más fuerte, incluso llegó a circular ciertos rumores sobre si hubo algún tipo de roce amoroso, pero nunca se llegó a demostrar nada. Con el paso del tiempo llegó el gran día, ese día en que la moneda entraba en vigor.

     La entrada en vigor del denominado Euro comenzó con las doce campanadas de fin de año de 2.001. Ese año no recibíamos las, ya de por sí tan tradicionales, campanadas con doce uvas sino con doce euros (¿o sería con 12 eurocéntimos?), no lo sé, lo cierto es que lo único (como la moneda) que puedo decir es que yo preferí comerme las doce uvas antes que los doce euros, eurocéntimos o lo que sea.

     Se nos dijo que entrábamos en una nueva era, en un nuevo sistema monetario, en un nuevo estado de cambios que iba a afectar a todas nuestras vidas, y vaya si lo hizo. Me encontré de la noche a la mañana que tenía dos meses para mandar a la m... la peseta. Chacho, si la mando a la m..., con qué coño meo. Sin embargo seguían con su euroforia, con la inmensa alegría con la llegada de la dichosita moneda y todo ello, según nos dicen, para unificar más a Europa, o sea para que seamos mucho más Euro-peos.

     Durante los primeros días del nacimiento de la moneda de marras la gente se agolpaba en las sucursales succionadoras de nuestro dinero, para poder conseguir los tan ansiados euros, cualquiera diría que se iban a agotar. Yo por si acaso me retiré de todos esos lugares para evitar que me succionaran y me lobotomizaran. No me explico ese afán por conseguir esa moneda, al fin y al cabo la vas a tener durante muchísimo tiempo así que por qué apurarse para tenerla, ya llegará a mi mano, bueno si son muchas pues bienvenidas sean pero como siempre son pocas pues eso, ya llegarán.

     Ahora que tengo euros en mis manos no pasa un solo día en el que se apetezca jugar al monopoli porque esas monedas y esos billetes parecen de juguete; podían haberse esmerado un poquito más al hacerlos, digo yo.


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